domingo, 12 de julio de 2009

5. BYE BYE TAJIKISTAN

Tajikistan nos ha dejado vacíos. Su impresionante orografía, el malísimo estado de sus carreteras, la altura, el mal tiempo y la falta de comida en muchos tramos hacen de este país un destino duro para el viajero. Sin embargo, ahora que miramos atrás, no dudamos en afirmar que el país de los Pamires ha sido hasta ahora la experiencia más increíble del viaje. Su naturaleza desbordante nos ha maravillado y sus habitantes, personas sencillas, hospitalarias y aún no contaminadas por el turismo, nos han cautivado. Y es que unas gentes que te saludan con la mano en el corazón mientras inclinan la cabeza, no pueden defraudarte. También hemos coincidido en ruta, por primera vez, con más cicloviajer@s. Con ellos hemos formado, no sólo un grupo con el que compartir historias y experiencias muy similares, sino lo más importante, una pequeña familia.

Como es habitual en nosotros, cruzamos la frontera Kirguís bajo una ventisca de viento y nieve. Una pista de barro nos espera al otro lado de la frontera. La pamir Highway continúa.


lunes, 29 de junio de 2009

4. PAMIR HIGHWAY

Es muy probable que la mayoría de la gente no sepa situar Tajikistan en el mapa. Tal vez aquellos con muy buena memoria recuerden la guerra civil que asoló el país en la década de los noventa.

Pero aquel que alguna vez imaginó seguir los pasos de Marco Polo por las montañas de Asia Central, no dudará un segundo en colocar los Pamires en el mapamundi.
Para esas personas que por diferentes razones han relegado dicho viaje al fondo de una estantería de anhelos, les dedicamos especialmente estas imágenes de las montañas que un día, hace ya varios siglos, vieron pasar a sus pies al mercader veneciano.

No tiene nada de malo hacer volar la imaginación por un día.

Nos advierten que hasta Kirguistan no habrá puntos de aprovisionamiento. Nos parece exagerado pero no hay que correr riesgos. Nosotros somos moderados, otros llevan el doble de provisiones que nosotros...

La Pamir Highway fue construida por los soviéticos para facilitar el movimiento de tropas y mercancías por esta parte del mundo. Une Khorog (Tajikistan) y Osh (Kirguistan) en sus 740 kms. Atraviesa la gran llanura de los Pamires, la cual discurre alrededor de 3500 m de altura. Espor ello que la llaman "el techo del mundo". Hemos encontrado este gráfico en internet y lo adjuntamos para que os hagáis una idea de las distancias y alturas. La salida es agradable. Hay que ascender poco a poco e ir aclimatando el cuerpo. Los siete cicloviajeros que coincidimos en Khorog salimos escalonadamente. Primero Herb y Loes, holandeses; después Sandro y Kathy, austríacos; por último Cyclotherapy y Gregg, canadiense. Esta es nuestra pequeña familia de los Pamires

Ya hemos comentado que en Asia Central no exteriorizan su religiosidad como en Oriente Medio. Pensamos que ponen los carteles por tradición o por adorno, como los horterísimos carteles chinos que cuelgan de todos los restaurantes

Acampar en estos sitios además de fácil es una gozada. Siguiendo nuestro plan de aclimatación dormimos a 2900 m

Afortunadamente no tenemos que pasar por estos puentes...

En Tajikistan las mujeres se muestran más sueltas delante del objetivo que en otras latitudes

Las casas son así:
El trío calavera repone fuerzas de vez en cuando. Ha sido una gozada pedalear con Gregg

Nos invitan a yogur, pan y té, unos manjares que devoramos gustosamente.

Pocos kms después nos topamos con una fiesta. Hay plov a discreción y no falta el vodka, aunque preferimos no probarlo. Nos enteramos que es la fiesta de cumpleaños de una cría y las gentes que viven dispersas con sus ganados aprovechan la ocasión para juntarse y desconectar de la dura vida que sobrellevan


Hay música y todo. Les encanta bailar, es por eso que por aquí las normas talibanes de prohibir la música chocarían frontalmente

Después de parar en el balneario de Jelandy empieza el reto de pedalear en altura. Vamos camino de superar el primer 4000 de nuestras vidas, y hay cierta tensión por cómo reaccionará la cabeza... y cómo estará el cielo

Parece que estamos en otro mundo, aislados de todos y a merced del viento y el frío

No nos ha parecido para tanto subir los 4271 m del Koitezek Pass. Hay un falso descenso y otra subida. El asfalto viene y va, como el Guadiana

El desierto de altura de los Pamires

Nuestras amigas las tormentas vienen de lejos. Nos avisan. Nos vacilan. Nos intimidan.

Pero lo inevitable está a punto de suceder. Es la primera megaventisca de lluvia y granizo de la travesía por los Pamires. Cada uno la sobrelleva como puede, aunque lo mejor es acurrucarse, avanzar lentamente y esperar a que la naturaleza termine su función

Es la llamada llanura de Alichur, y hacia ese pueblecito nos dirigimos. Como Asterix y Obelix, sólo tememos a que el cielo caiga sobre nuestras cabezas

Aquí encontramos refugio, sopa y té. No hay electricidad y se sirven de generadores de gasolina. la vida se hace en la cocina que hace de comedor y sala de estar. La madre es la profesora de inglés del pueblo y se ganaa un sobresueldo acogiendo ciclistas y motoristas

A partir de ahora veremos mucho estos sombreros kirguises, y es que los Pamires están llenos de kirguises, más incluso que tajikos

Subiendo por las ruedas llegas a la tienda del pueblo, que igual te vende bragas como caramelos. No hay comida.

Por supuesto, el agua debe ser recogida y transportada cada día. la obtienen de pozos.

El viento y el frío, así como ventiscas de lluvia, granizo y nieve serán nuestras compañeras de viaje. Cuando vemos acercarse a una y tenemos la suerte de ver algo con paredes ahí vamos...

Aunque por poco tiempo, sale el sol. Coincide con unas casas de kirguises que viven humildemente pero que nos ofrecen el calor de su estufa y su delicioso yogur

Los yaks son los reyes de estos lares

Queremos que veais cómo son las casas kirguises. Todas las que hemos entrado son iguales. Alucinamos con la cuna de madera de los bebés y la forma temeraria con la que la mecen. Viéndoles nos parece increíble que no salgan marineros... La niña se coloca el pañuelo para la ocasión mientras la madre pone la mesa para los reporteros de Cyclotherapy

Y como disponen de tiempo mientras fuera sopla un viento que estremece, aprovechan para tejerse sus propias alfombras, una cultura heredada de madres a hijas y que según nos dicen, "son infinitamente mejores que las alfombras chinas".
Esta imagen, de cómo la madre transmite a su hija el conocimiento del arte de tejer, fue tomada por Aitor teniendo en mente a su prima Laura, que desde la Tierra del Fuego, en Ushuaia, recibió la misma transmisión de nuestra abuela, cuando ella era tan sólo una niña.

Acampamos con un frío impresionante...

... y comemos porque tenemos que reponer fuerzas, pero resulta una tortura cocinar bajo el granizo y un viento matador. La tienda la aseguramos con piedras para no hacer trampas y llegar volando a kirguistan...

Y aunque el tiempo trate de compensarnos con un atardecer maravilloso, en cuanto cenamos nos metemos rápidamente en el saco

Por la noche las temperaturas descienden vertiginosamente y los botellines de agua amanecen congelados. Lo mismo que la tienda. Al menos sale el sol, anima el desayuno y calienta nuestros cuerpos
Con la salida del sol nos trasladamos mentalmente a Egipto. Hay veces que cerramos los ojos y nos vemos rodando por el Sinaí
Estamos cerca de Murgab

Murgab tiene más relación con Kirguistan que con Tajikistan. Por distancia y porque los únicos tajikos que viven aquí son los militares. Murgab tiene un curioso bazar compuesto por una calle a cuyos lados se dispones contenedores a modo de tiendas. Dependen del tráfico con Osh. Mucho no encontramos para comer aunque aprovechamos lo que tienen

Salimos hacia el lago Karakul. Antes deberemos pasar el techo de los Pamires

Así que toca aclimatarse (aunque lo estamos de sobra pero no arriesgamos) y aprovechamos la buena tarde para comer y relajarnos

Porque la noche volverá a ser fría, como siempre

Aquí están los "machotes" de Cyclotherapy. La nieve no falta en la subida, arriba hace mejor tiempo, menos mal

El descenso resulta ser una tortura. Ventiscas y carreteras asesinas nos acompañarán hasta el lago Karakul
Carretera asesina: Dícese del camino que teniendo forma de patata matutano da por culo a toda aquella persona que circule por ella. Es la peor de las carreteras. para los ciclistas solo equiparables a las embarradas de grado 5 y a las de arena de desierto. Después de rodar kms por este tipo de carreteras acabamos con un dolor de cabeza desesperante.
El paisaje resulta apocalíptico. Teníamos otra imagen de los Pamires...

Y en cuanto vemos paredes, lo de siempre, a resguardarnos y descansar un poco

Apenas son las 4 de la tarde y parece que va a caer la noche. Nos dirigimos al centro de la borrasca

En el lago Karakul teníamos pensado juntarnos con nuestra "familia". Creíamos que disfrutaríamos del buen tiempo junto al lago. La realidad es bien distinta. Cada uno pasa como puede y tira hacia Kirguistan, ansiosos por descender y tratar así de escapar del frío interminable

Lo mejor de Karakul es su restaurante. Allí, junto al calor de la estufa comemos hasta reventar. Y es que la dueña del mismo nos mima como si fuera nuestras madres y hasta nos prepara comida distinta, lo que causa cierto pique en algún camionero...

Karakul, a 3900m , las condiciones de vida son realmente duras.

Nos dirigimos a la frontera con Kirguistan. Amablemente la borrasca nos indica el camino a seguir.

Antes de despedirnos de Tajikistan, a modo de regalo de despedida, nos obsequia con dos pasos por encima de 4000 m ...

...la última ventisca de nieve y granizo...

... y sus excelentes carreteras


Hasta siempre